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La desconocida historia del órgano de Catedral

El órgano de catedral es una de las herencias culturales que, a más de 100 años de su llegada a la capital del estado, sigue en funciones; sin embargo, lo encubre un halo de misterio, pues no se tiene la historia completa de este instrumento y sólo se conservan algunos fragmentos de esta.

Quienes lo pudieron conocer un poco más, es decir, sus fabricantes, ejecutores y restauradores originales, o las generaciones más cercanas, se han llevado a la tumba sus secretos, ya que existe poca evidencia escrita de cuándo se le restauró, cómo se trajo a Zacatecas y quién lo construyó.

Además, entre los cronistas de la ciudad no se ha trabajado esté tema, ni en la iglesia católica, ni entre los historiadores, pese a que sí existen registros de cuando se le trajo, los cuales deberían estar en la biblioteca de la Catedral.

Sin embargo, ingresar a esta biblioteca no es sencillo se necesitan tres permisos, del INAH, de la Junta Local de Protección y Conservación de Monumentos y Zonas Típicas del Estado, y por último, el de Catedral.

A decir de Luis Román, historiador y ahora encargado del Archivo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), la información sobre el instrumento se debería encontrar en los libros de fábrica del órgano, los cuales se encuentran en la biblioteca de Catedral.

El órgano es de origen alemán, importado de la empresa Schlag and Söhne, ubicada en Schwidtnit, Alemania. Su importación y su construcción corrió a cargo de una empresa mexicana llamada Otto y Arzos, la cual se encargaba de editar música y realizar giros postales de Francia y Estados Unidos hacía México.

“Órgano especialmente construido para la Catedral de Zacatecas importado por “Otto y Arzoz” México”, refiere una placa de cobre que se encuentra en el teclado de dicho instrumento.

“Según (Jesús) Cortez Reveles, el órgano ‘dice que por tradición se sabe que fue fabricado’ en 1905”, indica Sergio Zaldívar , en su libro Voces de México: inventario de órganos tubulares, el cual fue publicado por la Universidad de Texas en 1989.

Es de destaca que este libro fue consultado a través Google books, y fue editado por la Universidad de Texas, y que no se encontró ni seña alguna de que alguien lo tuviera en Zacatecas.

Además, por diversos motivos, en la bibliografía de autores zacatecanos no figuran ni menciones a este tema, ni siquiera en los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, ya que muchos autores se han especializado en el estudio arquitectónico de Catedral, así como de su fachada.

En la biblioteca del Museo Pedro Coronel tampoco hay información al respecto, pese a que en ese lugar se conservan documentos del siglo XVI a inicios del XX.

Samuel Herrera, uno de los músicos más reconocidos de la época, recibió dicho instrumento en la Catedral de Zacatecas -la cual fue nombrada Catedral Basílica unos cuantos años después-, quien también fungió como organista de 1905 a 1908; esto según el referido libro Voces del Arte.

Época difícil para el cristianismo

En esa época no era común que estuvieran abiertas las iglesias, pues se les llegó a dar otros usos y existía mucho fanatismo anti religioso derivado de la publicación de las Leyes de Reforma, por lo que se tenía que pedir permiso a las autoridades hasta para tocar las campanas.

Para el entonces obispo de Zacatecas, fray José Guadalupe de Jesús Alba y Franco, le tocó una temporada de relativa paz, aunque para 1914 reiniciaron las persecuciones.

Para el sacerdote y cuarto obispo de Zacatecas, ya que el templo recibió categoría catedralicia hasta 1862 y antes era una parroquia, una de sus labores fue recuperar los bienes de la iglesia, y compró el Convento de San Agustín en 1904, el cual había sido convertido en hotel.

También encargó la construcción de la torre norte de Catedral, para1904, a Damaso Muñetón copió fielmente la torre existente. No obstante, no se logró saber si este obispo encargó el órgano a México o fue el mismo Porfirio Díaz quien lo mandó a traer.

“En 1972 el instrumento es reconstruido y rediseñado por Pascual Rodríguez”, expuso Zaldívar en su libro.

Por su parte, José Hernández, actual organista de Catedral, mencionó que, en dicha restauración, sufrió modificaciones importantes, se cambio de posición y la única pieza original que se conservó es el teclado donde ejecutan los músicos; los tubos de viento siguen siendo los mismos, pero se les tuvo que hacer un arreglo “hechizo”.

Además, actualmente usa energía eléctrica, mientras antes dependía de un motor para su funcionamiento.

Hoy, pese a que no se recuerda su historia, algunos músicos se acercan a disfrutar del órgano porque no es un instrumento muy común, inclusive han llegado músicos de otros países a Catedral, sólo para poder utilizarlo.

Es necesario enfatizar que al momento de la llegada de este órgano a catedral ya no eran comunes, pues se comenzaban a utilizar en mayor medida los armonios, otro instrumento de viento.

Asimismo, la cumbre del uso de órganos de viento, con funcionamiento a base de fuelle, fue en el barroco, época en donde ese esplendor también se podía observar en la música de autores como Haydn.

Su uso sólo se dejaba para las iglesias, pues se les destina para interpretar música religiosa. Aún son desconocidos los motivos para traer un órgano a Catedral en este tiempo.

Para 1923 Schlag & Söhne suspende sus servicios.

Zacatecas, sin apoyo a la historia

A pesar de que Zacatecas se caracteriza por su amplia herencia histórica, la cual consiste en diferentes documentos así como elementos físicos, como los edificios que aún se conservan de la llegada de los españoles, la investigación histórica se encuentra bastante rezagada.

Al momento de consultar materiales del estado, la bibliografía consultada data a lo mucho del 1996, y esta fue redactada por el anterior cronista de la ciudad José Enciso Contreras; sin embargo, no hubo alguna referencia al órgano de catedral.

Además, por esas fechas se publicaron algunos materiales por motivo del 450 aniversario de la ciudad, de divulgación turística, durante el mandato de Arturo Romo Gutiérrez, en 1996, en donde se encuentran las vidas de algunos personajes de Zacatecas. Estos materiales fueron escritos por el entonces cronista de Zacatecas.

En los textos consultados de Federico Sescosse tampoco hubo mención al respecto; y el libro Bosquejo Histórico de Zacatecas, de Elías Amador, no pudo ser consultado porque las bibliotecas que lo pudieran tener están siendo rehabilitadas, tal como la Biblioteca Central de la Universidad de Zacatecas o la “Elías Amador”, que apenas se encuentra en planes de abrir.

Cabe destacar que ni fotografías del órgano de Catedral quedan, mientras que en los folletos de la Secretaría sólo aparece una foto del órgano de Santo Domingo.

Así, a más de 10 años de la última publicación referente a la historia de Zacatecas pareciese que no existe el interés por impulsar la investigación histórica en Zacatecas, pese a que sí ha habido esfuerzos importantes al respecto

Los músicos de Catedral

A la muerte de Samuel Herrera, en 1908, lo sucedió Severiano González y duró como organista de Catedral hasta 1963; posteriormente estuvo “el Maestro Cortes Reveles”, indica Zaldívar en su libro.

Las menciones a esta música son pocas y muy breves, pues en la página de internet de gobierno del estado, en la sección de monografías municipales, específicamente en la referente a Villanueva, solo se menciona:

“Severiano González Delgado (1893 – 1987). Músico y compositor, maestro de música. Organista de la Catedral de Zacatecas”.

Quien sucedió a este organista fue el maestro Jesús Cortez Reveles, quien tomó el cargo de organista en 1963 y aún vive, destaca Voces del Arte.

No obstante, debido a que en Google Books sólo se pudieron obtener fragmentos del referido texto de 449 páginas, no existe más información sobre quiénes fueron los otros músicos de Catedral.

José Hernández, una vida para Dios

Severiano González, además de tocar en las misas de Catedral, fue maestro de piano de José Hernández, actual ejecutor de dicho instrumento.

A José, originario de Tlatenango, Zacatecas, e hijo de campesinos, siempre le gustó la música, principalmente la sacra; en ese municipio empezó a tocar el armonio, otro instrumento similar al órgano de viento.

A sus casi 80 años, dice “revivo con la música”, por lo que casi a diario sube las escaleras que llevan al órgano de la Catedral Basílica; “a veces me canso, pero ya me acostumbre”.

Don José también comenzó desde muy chico a estudiar música, y en sus ratos libres, cuando no estaba en lo campo, iba a la iglesia a tocar un armonio por doce horas diarias, refiere. Posteriormente acudió al ISBA, donde aprendió más sobre piano y otros instrumentos.

“En mis tiempos no había escuelas de música muy fundadas; En México estaba el conservatorio, en Morelia estaba el concierto de música religioso”, recuerda; no obstante, pese a no tener estudios muy avanzados en música en lo que respecta a lo académico, ha recibido muchas invitaciones a otros lugares.

En Los Ángeles lo invitaban por parte de la Misión de Guadalupe, pero no aceptó; “eran doscientos dólares diarios (por cuatro servicios, cada uno de 50 dólares), con casa y alimentación para mi esposa y para mí, y me eché para atrás”.

A la Basílica de Guadalupe también lo invitaron, “y no acepté”.

También lo llamó la escuela de música, pero “no me gustó el amiente y me salí (.) Era mucha política y yo quería más música”.

Sin embargo, el órgano lo aprendió a tocar cuando llegó a Catedral, a través de la lectura de libros sobre dicho instrumento. “Yo sé de qué se queja el órgano”, expone.

También comentó que quien le enseño a tocar el piano fue el mismo Severiano, y que José no entendía porque le enseñaba de una forma muy diferente a cómo había aprendido, por lo que se rebelaba, pero que después comprendió que tocaba el piano como si fuera un órgano.

“Se le pasaba (enseñar el por qué de la técnica), la situación pedagógica no la sabía aplicar”.

En 1990, por invitación del en ese entonces obispo ahora cardenal, Javier Lozano Barragán, lo invitó a tocar el órgano de Catedral para las misas; “no lo pensé dos veces”.

Con el tiempo aprendió cómo se tocaba el órgano, aunque con bases, lo que le aumentó las invitaciones a otros lugares, además de que conoció a mucha gente que sólo acudía a la Catedral para tocar el órgano. “Son instrumentos que no donde quiera se encuentran”.

Inclusive cuando ya trabajaba en Catedral, regresaron de los Ángeles, para ver si se iba a tocar allá.
Por otra parte, Lozano Barragán también le pidió en el mismo 1990 que reorganizará del área de música del seminario, tarea que terminó en el año 2000.
Sobre por qué le gusta trabajar en la Catedral, declaró: “Yo no hago las cosas para mí, y como estoy ahora en la Catedral, las hago para Dios”.

Agregó que el gusto viene desde la infancia, ya que era la música que se escuchaba en el pueblo, pero que también hay una búsqueda constante de la paz espiritual; “para mi es vida”, “paz y tranquilidad”. Por último, enfatizó: “Si Beethoven estuviera aquí, yo seguiría tocando”.

Nota cortesía de NTR Zacatecas